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Cadena 3

Discapacidad y marginalidad

Villa 31: La realidad de las personas con discapacidad

Por Flavia Irós

09/05/2022 | 19:51

Flavia Irós

Flavia Irós

En la Villa 31 la discapacidad se subraya con fibrón flúo que destila impotencia y cuasi desesperación. De solo imaginar que una persona que vive en la ahora denominada Barrio 31 o Mugica queda hacinada en su casa por la falta de recursos de todo tipo para salir es muy conmovedor.

Las barreras son innumerables: en el caso de lo edilicio las construcciones se van para arriba y las escaleras caracol de hierro finitas, endebles e interminables son la vía para que los habitantes lleguen a su casa (imaginen lo difícil que es salir y tener una vida autónoma para los que tienen limitaciones). 

En cuanto a las calles, algunas son tan angostas como pasillos, y la posibilidad de andar en silla de ruedas se vuelve una carrera de obstáculos. 

Por otro lado, familias que deben priorizar el trabajo para ganar el pan, ni siquiera pueden pensar en la estimulación de los niños o jóvenes con discapacidad cognitiva, es una utopía. Pero, gracias al taller HUELLAS destinado a personas con discapacidad hay un lugar que abre sus puertas destilando oxígeno esperanzador.

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Trabajadoras sociales dejan el alma por esos chicos que aunque sea sociabilizan una hora al día y eso, ¿debería alcanzar para potenciar su inserción social? Juegos, artes, música, deportes, cocina buscan brindar contención y estimular las diferentes potencialidades de cada uno. Claro está que para sacar al máximo las capacidades esto es solo una muestra gratis de un remedio que para curar debería sumar horas y horas de dosis y así sostener la evolución y tratamiento de cada persona con algún diagnóstico para que logre formar parte de la sociedad como ser activo.

Resulta difícil establecer un porcentaje en cuanto a la población con discapacidad que vive en la 31, faltan certificados únicos, y datos obsoletos que vuelven engorroso el determinar un número concreto.

Si nos basamos en que la población del mundo tiene un 10 % de PCD y en este asentamiento conviven aproximadamente 60.000 personas, ahí podríamos a grandes rasgos determinar una cantidad. Calidad no es sinónimo de cantidad, calidad de vida, calidad de tratamientos, calidad de coberturas de salud, calidad de contención, calidad de accesibilidad, calidad de derechos, todo esto me retumba interiormente luego de mi corta visita al lugar.

Sabor amargo de conjugar discapacidad y pobreza, discapacidad y falta absoluta de recursos, discapacidad y marginalidad, discapacidad y poca visibilidad. 

Ojalá cada una de estas personas pueda sí conjugar discapacidad y amor, discapacidad y familia, discapacidad y cuidado para poder transitar sus realidades con el impulso que brinda este sentimiento como motor indiscutido para salir adelante en la vida, cualquiera fuera la condición.

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