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Cadena 3

Mujeres diversas

"Hijo, te amo tanto que te dejo ir"

Bárbara Harvey es mamá de Joaquín, un niño que nació hipotónico, sin oxígeno y con graves secuelas neurológicas, con las que tuvo que convivir hasta su fallecimiento a los dos años de edad.

08/03/2022 | 08:51

Bárbara Harvey tenía 24 años cuando se convirtió en madre primeriza de Joaquín.

Complicaciones en el parto y una mala praxis en un hospital de Corrientes llevaron a que Joaquín naciera hipotónico, sin oxígeno y quedando con graves secuelas neurológicas.

Con apenas días de vida tuvo que ser sometido a una traqueotomía y una gastrostomía para poder respirar y recibir alimento.

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A menos de un año de su muerte, su mamá asegura que su existencia “fue perfecta”.

“Perder a un hijo es inimaginable y difícil, pero no queda otra, hay que seguir. Igual siento que con Joaquín fue una preparación porque él de alguna manera fue ordenando todo, a pesar de que el dolor está, nos dio tiempo a nosotros”, reflexiona.

Joaquín vivió dos años, y durante ese tiempo Barbi volcó en las redes sociales sus pequeños logros, y cada momento de felicidad que pasó junto a su hijo. Al día de hoy sigue compartiendo textos y reflexiones sobre su paso por este mundo.

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“La primera vez fue en neo que estaba muy grave, le hicieron el botón gástrico e hizo un paro, después de la cirugía lo reanimaron mucho tiempo y estaba gris. Lo tuvieron que trasfundir y fue ahí que dijimos qué estamos haciendo y hasta donde darlo todo y seguir sosteniendo algo que era muy duro de ver. Fue el amor ese que lo da todo y que no pide nada, ciego y que dice te dejo ir”, relató.

Para Barbi dejar partir a su hijo también fue un acto de amor. “Me di cuenta que la existencia de él fue perfecta”, reflexionó.

La discapacidad no jode, jode verlo sufrir

Desde que nació Joaco para Barbi un sostén fundamental fue la contención de la familia y amigos.

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Ahora, mirando en retrospectiva sostiene que la transformación que sufrió fue “enorme”. “Cambié muchísimo y su presencia y su vida me obligó a involucrarme. Para mí, antes la discapacidad era algo ominoso, la miraba con respeto, pero con miedo, porque no se habla, no se difunde, no se naturaliza y él me agarró y me dijo ‘vení y aprendé’”.

“La transformación fue desde lo más profundo y hoy no puedo creer que existió esa Barbi. Lo que me dejó es tremendo y quedó un compromiso de seguir difundiendo, naturalizando, hablando”, afirmó.

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Barbi señala que “jamás tuvo lástima de su condición”.

“Cada uno carga con su sufrimiento. Hay que pensar por qué me toca, qué tengo que aprender y creer que todo es provechoso. Eso me enseñó Joaquín, que a pesar de la adversidad siempre hay algo provechoso y no hay que quedarse con el dolor”, reflexionó.

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